jueves, 7 de diciembre de 2023

Azaña y Alcalá-Zamora, enemigos íntimos en la Segunda República


Francisco Martínez Hoyos

11/12/2021 07:00 Actualizado a 13/12/2021 13:44

LA VANGUARDIA...👈

“Con nadie me siento incompatible”, afirmó Niceto Alcalá-Zamora (1877-1949), presidente de la Segunda República española, en uno de sus discursos. Pero su relación poco fluida con Manuel Azaña (1880-1940) muestra, más bien, todo lo contrario. Como ha señalado el historiador Juan Pablo Fusi, su personalidad sí demostró ser inconciliable con la de quien fue su presidente del gobierno.

Azaña, procedente de la burguesía radical, estaba comprometido con un programa de reformas en profundidad y se abría a la colaboración con el partido socialista. Alcalá-Zamora, un antiguo monárquico, propugnaba una república conservadora que recogiera el apoyo de la clase media y de los intelectuales. No deseaba que el nuevo régimen desembocara en un sistema entusiasta pero utópico.

De ahí que defendiera la necesidad de que los “hombres llamados de orden” impusieran una guía clara al país y gobernaran con energía. La suficiente, llegado el caso, para reprimir “cualquier desmán”. Por eso, intentó primero frenar a la izquierda, en el primer bienio republicano (1931-33), y después se opuso a la derecha representada por la CEDA.

El entonces presidente desconfiaba del partido de Gil-Robles porque no había manifestado una lealtad explícita hacia la República. Así, le negó el acceso al gobierno, aunque en 1933 la CEDA era la fuerza más votada, con el 24,3% de los sufragios y 115 escaños sobre 473.

Lo que pensaba Alcalá-Zamora

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad con la Constitución de 1978, el jefe del Estado contaba en aquellos momentos con importantes atribuciones políticas. Estaba en su mano nombrar un presidente, con independencia de quién tuviera la mayoría parlamentaria, a través de la constitución de un gabinete minoritario. El uso que Alcalá-Zamora hizo de estas facultades a lo largo de su mandato resultó muy controvertido.

En 1933, por ejemplo, retiró la confianza a Azaña, que se vio obligado a abandonar la jefatura del gabinete. Los dos hombres, condenados a no entenderse, mantenían unas relaciones muy tensas. Alcalá-Zamora, por sus mutuas desavenencias, llegó a decidir que nunca más volvería a recibir a su antagonista en su domicilio particular. Cualquier trato que tuvieran tendría lugar en exclusiva dentro del marco de las instituciones.

Como muestran sus diarios, sus críticas a Azaña eran constantes. Le molestaba que fuera un hombre “imperturbable” y sin sentido del humor. Aunque le reconocía múltiples virtudes, como su gran capacidad política y su extensa cultura, pensaba también que estos puntos fuertes se veían contrapesados por imperfecciones notables.

Desdeñaba, sobre todo, su soberbia, que juzgaba tan “satánica” como insoportable. “Los defectos temperamentales de Azaña son tan graves como incorregibles”, escribiría en cierta ocasión. Este retrato, de hecho, no aportaba ningún elemento original: todos los antiazañistas estaban de acuerdo en oponerse a un individuo que les inspiraba rechazo por sus maneras altivas y antipáticas.

Lo que Azaña decía

Un primer motivo de choque se produjo, con la República recién estrenada, a propósito de la cuestión religiosa. Azaña, hombre de convicciones laicistas, defendió la expulsión de los jesuitas. Alcalá-Zamora, católico ferviente, se opuso. Según anotó en cierto momento, habría estado a favor si se hubieran encontrado pruebas de que la orden conspiraba contra el nuevo régimen, tal como aseguraba la rumorología de la época.

La confirmación, sin embargo, nunca se produjo. Azaña, a su juicio, había demostrado en esta cuestión un “sectarismo acentuado”. De ahí que, tal como ha señalado Ángeles Egido León, especialista en el período, nunca le perdonara a su oponente que impusiera aquella medida.


A su vez, Azaña, en sus diarios, se refirió en términos muy peyorativos al jefe del Estado, en el que veía un personaje molesto que solo suscitaba problemas: “Un niño mimado no da más que hacer”. Si se celebraba un consejo de ministros, le molestaba que el presidente hiciera perder el tiempo a los demás “con sus anécdotas, sus voces, sus comentarios y su incontenible verbosidad”.

A su juicio, había en su personalidad “algo de pueril e irritable”. En esto coincidía con otras personas de muy distinta ideología, caso del periodista Ángel Herrera Oria, futuro sacerdote, obispo y cardenal. Este se quejaba de que Alcalá-Zamora era un hombre “vanidoso con vanidad pueril”.

“Presunto delincuente”

El enfrentamiento entre ambos líderes iría a más. En 1934, Azaña fue acusado, en falso, de complicidad con la insurrección protagonizada por la Generalitat contra el gobierno conservador de Madrid, en la que se proclamó el Estado catalán dentro de la República Federal española. Alcalá-Zamora aprovechó la ocasión para calificarle de “presunto delincuente”, algo que él nunca llegó a olvidar.

Dos años después, cuando el jefe del Estado le llamó a consultas con vistas a la formación de un nuevo gobierno tras las elecciones, Azaña se negó a acudir. Incapaz de perdonar aquella afrenta, dijo que trataba de impedir con ello que el presidente de la República tuviera “tratos con presuntos delincuentes”.

El profesor de baile que niega la pandemia y reta al Gobierno de Países Bajos

 


Redacción / Agencias

Barcelona

23/02/2021 15:29

LA VANGUARDIA...👈

No cree en la pandemia y considera las restricciones la esclavitud de una humanidad que delegó su responsabilidad en el “sistema”. Willem Engel, profesor de danza y voz de los negacionistas en Países Bajos, trata de bloquear en los tribunales cada estrategia contra el virus, que no ve más peligroso que una gripe, y se postula, con pocas posibilidades, a primer ministro.

En una entrevista con Efe en su estudio de danza en Róterdam, Engel celebra su último éxito contra el Ejecutivo en funciones: logró derribar en un tribunal el toque de queda, en un fallo que, aunque no confirma su percepción de lo que ocurre, le puso en primera línea y le permitió explicar su escepticismo hacia la versión oficial.

Engel trata de bloquear en los tribunales cada estrategia contra el virus, que no ve más peligroso que una gripe

El Gobierno recurrió esa sentencia y la Justicia le permitió mantener el toque de queda hasta el viernes, cuando decidirá si la restricción está legitimada en una ley de emergencia especial, o se tendrá que recurrir a otra base legal para mantenerla en vigor.

“No hay pandemia. Es una tormenta en un vaso de agua. Claro que la gente enferma, pero ¿qué puedes hacer más allá de hurgarles en la nariz y decirles: ‘vale, has dado positivo, pero no hay tratamiento’? Eso no ayuda, da más miedo e inseguridad. Puedes hacer que se centren en lo que pueden manejar por sí mismos y eso nos lleva a la crisis real: esto no es una pandemia, es un sistema podrido”, describe.

Engel, que lidera la fundación Viruuswaarheid (La Verdad del Virus, en neerlandés), es ya un rostro inconfundible en Países Bajos: de distintivas rastas y con estilo de hippie indulgente, desencaja en un tribunal ocupado por abogados con argumentos legales. El “activista” llevó su debate a las pantallas y su foto a la portada de los periódicos.

La versión oficial contra otras teorías

La imagen rozaba el surrealismo: Engel y los abogados del Estado defendían afirmaciones incompatibles entre sí. Un disidente contra la versión oficial; un abolicionista de las restricciones frente a la estrategia del gobierno; el líder de un “culto” con 55.000 seguidores en Facebook, contra el Estado; Y no fue en la terraza de un bar, sino en tribunales.

Con esas ideas lleva la contraria al Ejecutivo también en protestas que a veces desembocan en enfrentamientos, como pasó a finales de enero.

“Eso no fue pacífico. No tenemos nada que ver, pero empezó con una protesta que fue brutalmente dispersada y eso provocó mucho resentimiento contra el gobierno y la policía. Además, probablemente ellos lo han teledirigido todo porque, una semana después, introdujeron el toque de queda, lo que no se hizo desde la Segunda Guerra Mundial, eso fue la última provocación”, especula.

Fueron los peores disturbios que vivió Países Bajos en 40 años: grupos de jóvenes se amotinaron contra el toque de queda y atacaron a agentes, saquearon comercios, y destruyeron mobiliario.

Tiene 12 casos contra las medidas aplicadas en pandemia, como la exigencia de entrar a Países Bajos con una PCR negativa. Mañana denunciará la campaña de vacunación, que considera “un experimento de terapia genética a gran escala”. Engel abandonó hace 12 años su doctorado en biofarmacia.

Una sociedad alternativa

Alterna críticas “al sistema”, con conspiración sobre un presunto plan secreto para coartar las libertades. Es la voz de los más escépticos. “Estamos trabajando en la creación de una sociedad alternativa: no vamos a luchar físicamente contra el gobierno, sino en el espíritu de (Mahatma) Gandhi de no violencia: no toleramos y no vamos a cooperar”.

Ahora trata de hacerse hueco en la política y el Parlamento que tanto critica, aunque está enfrentado a los que eran sus aliados, Países Bajos Libre y Social (VSN), un partido registrado en los comicios del 17 de marzo, aunque las encuestas no le auguran éxito para entrar a las instituciones, y menos en su aspiración a dirigir Países Bajos.

“¿Aceptaría ese rol para limpiar el caos? Sí. ¿Creo que tenemos que cambiar la forma en la que este país funciona? Sí. Así que quizás debemos gobernar”, subraya.

trata de hacerse hueco en la política y el Parlamento que tanto critica, aunque está enfrentado a los que eran sus aliados, Países Bajos Libre y Social

Quiere ser diputado para cambiar el sistema desde dentro. “Me veo en el Parlamento como detective, quiero hacer preguntas y tener acceso a la información, para crear casos (judiciales). Creo que esta gente debe enfrentarse a un juicio por crímenes de lesa humanidad”, añade.

El Coordinador Nacional de Contraterrorismo y Seguridad advirtió sobre el "trasfondo extremista" del movimiento, y verificadores de información aseguran que está “cada vez más apegado a teorías de la conspiración” contra una pandemia que se ha cobrado la vida de casi 2,5 millones de personas y ha contagiado a 112,3 millones. 

Pepito López y la censura. Un club de debates donde no se permite el debate

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