viernes, 13 de octubre de 2023

La derecha quiere borrar la memoria de los perdedores de la Guerra Civil

 


Se cumplían 87 años este agosto pasado de la matanza de Badajoz por la Columna de Madrid, Columna de la muerte, según escribió Francisco Espinosa Maestre, al mando del teniente coronel Juan Yagüe Blanco.

Al parecer para algunos, el tiempo de hoy, edulcorado y hedonista, urbanalizado no puede admitir una carga de memoria colectiva de tal magnitud, como la que representan las tapias del Cementerio de San Juan y otros tantos lugares de la ciudad, donde las tropas sublevadas, llevaron a cabo la matanza.

La masacre que se desarrolló en la ciudad de Badajoz, a partir del 14 de agosto de 1936, tuvo en las blanquísimas tapias del viejo cementerio de San Juan, un lugar de inmolación. Los fusilamientos a cientos, en éste y otros lugares de la ciudad fueron una de las primeras evidencias ante el mundo, de la política de exterminio programado por los militares golpistas.

Es posible que Badajoz sea la ciudad española en que, en relación con su población, un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre realizada tras su ocupación en agosto de 1936.

Ese cementerio de San Juan y sus muros pertenecen a la historia silenciada y oculta de Badajoz. Allí fueron asesinadas muchas personas que pasaron luego a fosas comunes abiertas en su interior, hechos de los que existe documentación gráfica, como son las imágenes captadas por el cámara periodista francés René Brut que dieron la vuelta al mundo.

El muro que el Ayuntamiento construyó en 2009, con un cerramiento más alto y con un recorrido paralelo al actual, desnaturalizó ese lugar privándole en parte de su carácter testimonial y de su poder de evocación, pero por mucho que algunos pretendan, no se puede borrar ese testimonio de la matanza.

La memoria necesita para expresarse de unos soportes externos, de unas marcas tangibles, de unos «lugares de memoria». Es en estos «lugares» donde la memoria se fija, lugares llenos de contenido cuya misión es bloquear la acción del olvido, debe ser conservada para el conocimiento de las generaciones futuras.

En estas cuestiones, como en tantas otras, debemos mirar a los países europeos de nuestro entorno que cuentan con más experiencia, en los que la declaración y protección de este tipo de Lugares de memoria, es habitual. Ese cementerio viejo es ya el único lugar, una vez demolida hace años la vieja plaza de toros, que nos recuerda la memoria viva de un hecho histórico que desborda ampliamente el ámbito local. Badajoz tiene el deber de conservar las tapias de ese viejo cementerio, en su aspecto original, no sólo en memoria de los que aquí fueron asesinados, si no también por respecto a sí misma, y colocar una placa en memoria de los allí fusilados.

No debemos olvidar que la memoria colectiva es el recuerdo que una comunidad tiene de su propia historia, y también de las lecciones y aprendizajes que, más o menos conscientemente, extrae de la misma.

No hay Memoria sin lugares, ni lugares sin Memoria.

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